jueves, 21 de mayo de 2009

Sorpresas

Cada día es una sorpresa, o mejor dicho, cada noche es una sorpresa. Nunca se sabe. El martes por la noche fue una noche muy tranquila, yo dormí de un tirón, lo que se dice a pierna suelta y Miguel sólo se despertó durante cinco minutos. Mami le dio un poco de biberón de manzanilla y vuelta a soñar con globos de colores, que digo yo que es con lo que debe soñar Miguel. Sin embargo, el miércoles por la noche, en cambio, fue otra noche movidita.

Yo también dormí como un angelito, pero Miguelito volvió a vomitar. Es extraño, aparentemente no le pasa nada, no tiene fiebre, no está trabajoso ni llorón, simplemente tiene un poco de tos, pero eso solo se basta para fastidiarlo todo. Parece que cuando está dormido, tumbado, empieza a toser y con los mocos que le taponan la nariz, la tos se le va haciendo más seca, más profunda y se le encascilla de tal manera que al final dispara el biberón. A veces, ni siquiera llora, simplemente se pone perdido y hay que cambiarlo de arriba a abajo, con lo que se espabila y entonces no hay quien lo duerma. Por eso algunas noches son moviditas, y nunca se sabe cual.

En la foto se me ve a mí, Sofía, con siete meses en lo alto de mi padre.


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