lunes, 11 de mayo de 2009

Aterrizando de madrugada

Eran las cuatro de la mañana cuando di con mi cabeza contra el suelo. Bum. ¡Qué dolor! Nadie, ni siquiera yo, se explica cómo pude caerme de la cama estando dormida. No lo recuerdo bien pero fue a los pies de la cama, justo donde no tengo la barra protectora. Es difícil de explicar, lo sé, pero así fue. Ahora tengo un morado en la oreja y un chichón en la cabeza. Vaya susto. Pude haberme roto algo.

Quizás ver tantos dibujos de Little Einsteins volando en su nave me hizo dejar de lado la realidad. Lo que está claro es que hice un aterrizaje de los gordos. Ya es la segunda vez que me pasa y espero que esta vez sí haya dos sin tres.

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