Lo peor de todo es que esta mañana mientras Miguelito estaba en la fila del colegio, le enseñaba a sus amigos la frente señalándole con los dedos los dos chichones y encima lo hacía como si fuesen dos trofeos y para nada lo hace triste, sino todo lo contrario, parece que está orgulloso. Le tira de la camiseta a los amigos y les señala su frente con dos dedos explicándoles que tiene dos, uno en cada lado, que quede claro ¿eh?.
En la foto que mi padre hizo mientras Miguel dormía (único momento del día en el que se está quieto), si os fijáis bien, se pueden ver los dos chichones y el morado del ojo.
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