sábado, 14 de julio de 2012

Fuimos campeones de Europa

Nada más volver de Sayalonga, tras una buena siesta en el coche de vuelta, no tuvimos tiempo para casi nada. Subimos a casa, subimos las maletas, las soltamos en el dormitorio de mis padres y a la bañera, a darnos un enjuago rápido y corriendo porque en seguida nos íbamos a marchar a casa de nuestros abuelos Pepi y Miguel. Allí estarían esperándonos Natalia, tita Ana y tito Paco y mi padrino José Miguel -mi madrina no pudo venir porque últimamente la pobre está pasando una mala racha con el brazo-. Se jugaba la final de la Eurocopa y nos enfrentábamos a Italia. En nuestra casa confiábamos que España iba a llegar a la final desde mucho antes de comenzar la Eurocopa, y por eso colgamos una gran bandera de España en el balcón. Papá me dijo que íbamos a ganar porque somos los mejores y vaya si acertó.

Llegamos justo a tiempo según decía mamá y muy tarde según decía papá. ¡No hay quien los entienda! A mí no me hubiese importado llegar antes para poder jugar con mi prima Natalia más rato, pero como dice mi abuela Pepi, no se puede estar al plato y las tajadas.

Nada más llegar nos pintamos las caras con la bandera de España y como todos en la casa llevábamos ropas del color rojo, y bufandas y pulseras de España y las caras pintadas y algunos pitos para formar jaleo cada vez que se marcaba un gol y marcaron cuatro, pues imaginad la de jaleo que montamos.

En el descanso cenamos una comida que había preparado la abuela Pepi, ¡qué buena cocinera que es la abuela Pepi! Al terminar el partido, después de ver cómo le entregaban la copa a los jugadores españoles, nos dirigimos a celebrarlo a la fuente principal donde había muchísima gente y también había muchísimo ruido. Todos los coches pitaban, mucha gente llevaba trompetas y silbatos y pitos y vamos, que lo pasamos genial. Nos encontramos con el abuelo Felipe y con la abuela Pepa y con tita Cristina y tito David que también estaban tan contentos como nosotros.

miércoles, 11 de julio de 2012

En Sayalonga

El último fin de semana de junio fuimos a pasarlo a una casa rural en Sayalonga. No recuerdo cuantos fueron los que fuimos a la casa rural porque fuimos muchos, muchísimos, tantos que no me atrevo a contarlos sin que se me olvide alguno, pero estoy segura que todos, todos, todos lo pasamos genial.

Yo me lo pasé casi todo el rato jugando con Blanca y con Nacho, un rato con uno y otro rato con el otro, a veces, incluso, los tres al mismo tiempo. Miguel casi todo el tiempo lo pasó jugando con el primo Daniel. ¡Vaya dos! No saben estar el uno sin el otro, pero también, muchas veces parece que no saben estar el otro con el uno. ¡No pasan diez minutos sin pelear! ¡Por cualquier cosa, incluso la más tonta!.

En la piscina de la casa rural he perdido, por fin, el miedo al agua casi por completo. He aprendido a lanzarme a la piscina desde el borde, aunque con manguitos, pero también he aprendido a meter la cabeza debajo de agua y a nadar también, un poco como un perrito, pero es que así es como todo el mundo comienza a aprender a nadar, vamos digo yo.

Los días en la casa rural siempre son muy intensos. Comenzamos desayunando muy bien por la mañana. Mi hermano y yo por ejemplo comimos los dos días huevos fritos para desayunar. ¿No es genial? Además Miguel se tomaba un biberón y yo un Colacao. Luego el resto del tiempo hasta la hora del almuerzo es sólo para jugar.

Aquí os pongo una foto del miedica de mi hermano, que como no llevaba manguitos se agarraba bien fuerte a mamá.

lunes, 9 de julio de 2012

El cumpleaños de papá

Después del cumpleaños de tito David, tan solamente dos días después, llega el cumpleaños de mi padre. El día del cumpleaños de mi padre no había partido de fútbol, ni noche de San Juan pero nos juntamos con los abuelos Miguel y Pepi y junto con mis padres y mi hermano fuimos a comer a un restaurante. ¡Qué bien comimos los seis! Estuvimos en una terraza y corría una brisa muy agradable. Después, para rematar el almuerzo fuimos todos juntos a tomarnos unos helados a la heladería que hay cerca de casa: Tita Fina. ¡Qué buenos que están los helados allí! ¡Son mis favoritos! ¡Y también los de mi hermano!

Mi hermano Miguel, que cada día está más pillo, siempre se pide uno de turrón, yo, en cambio, voy variando, a veces pido chocolate, otras fresa, otras Ferrero Roché o cosas así que tienen una pinta buenísima. Mamá siempre se pide un helado con dos sabores y papá, igual que le pasa a Miguel, casi siempre se lo pide de turrón. La abuela Pepi suele elegir el de Stracciatella, y desde que lo probé de ella también me lo pido en ocasiones. Con el abuelo Miguel nunca se sabe porque nunca repite, o por lo menos todavía no lo ha hecho, unas veces lo pide de turrón, otras de melón, otras de Carapino, cada día pide un sabor distinto. Yo los pruebo todos, claro. El único problema que tiene Tita Fina es que no tiene horchata.

Papá recibió muchos regalos ese día, y todavía alguno más que recibió más tarde. Estaba muy contento y no hacía más que pedirnos besos a mi hermano y a mí. Dice que lo que más le gusta en este mundo es vernos felices y dándole besos.

Os pongo una foto en la que se nos ve juntos a mi padre, a Nacho, a mí y a Miguel. No es del día de su cumpleaños -que olvidamos la cámara- pero pongo ésta que salimos nosotros con él.

domingo, 8 de julio de 2012

El cumpleaños de tito David

Otra de las cosas importantes que hemos hecho y que por una cosa u otra no me ha dado tiempo de contaros es que fuimos a la fiesta de cumpleaños de nuestro tito David, bueno en realidad es mi tito David, pero además es el padrino de mi hermano Miguel. La fiesta la celebró dos veces, primero en su casa, viendo un partido superimportante de España en su camino de conseguir su tercera copa de Europa, y luego en la playa, en la fiestas de San Juan.

Tito David estaba muy nervioso, al igual que mi padre, bueno y todos los que estaban allí porque nuestra selección jugaba una eliminatoria a todo o nada contra Francia. ¡Qué emoción! Lo pasamos estupendo. España ganó dos a cero y todos estábamos muy contentos porque allí todos éramos españoles y queríamos que ganasen los españoles. Allí comimos un montón de cosas y luego, en la playa, llegó el momento de la tarta. ¡Qué rica estaba! ¡La hizo mi abuela Pepa, que tan buena mano tiene con las tartas, especialmente con la de chocolate! Estuvimos tomando tarta y jugando en la arena hasta que llegó el momento de mojarse los pies en el agua. Yo me metí con mamá, y Miguel con papá, pero en realidad allí había gente por todos lados haciendo lo mismo que nosotros.

Después comenzamos a cansarnos y tuvimos que irnos a la casa, menos mal que mi padre había tenido mucha suerte y había aparcado muy cerquita y no tuvimos que andar mucho.

Os pongo una foto del cumpleaños de David en la que se le ve a él junto con mi abuela Pepa, tita Rosi, mami y tita Cristina. ¡Qué felices todos!

sábado, 7 de julio de 2012

La fiesta de fin de curso de Miguel

Últimamente hemos hecho tantas cosas especiales que no me da tiempo a ponerlas en este blog. Entre que estamos todo el rato de un sitio para otro, y que luego cuando estamos en casa hay tantas tareas por hacer, casi no podemos sentarnos a contar las cosas. Voy a intentar colocar, aunque con algo de retraso alguna de las cosas interesantes que hemos hecho.

¿Por dónde empezar? Comenzaré por el final, quiero decir, por el final del curso. La fiesta de fin de curso. En la fiesta de fin de curso, el protagonista absoluto en nuestra familia fue Miguel, que se disfrazó de hawaiano, y bailó en lo alto de un escenario junto con sus compañeros de cole, y aunque se puede hacer mucho mejor, lo hizo bastante bien, a pesar de alguna que otra distracción.

Vino casi toda la familia a verle, todos menos sus padrinos que tenían por mala suerte otra cosa que hacer a la misma hora y el mismo día. Aquí os pongo una foto del bailarín.

Después la gran actuación de Miguelito fuimos a tomar unos pescaditos fritos y lo pasamos genial.

viernes, 29 de junio de 2012

Mi diente

Ayer jueves por la tarde, después de comer, fui al dentista junto con mi madre y mi hermano, y esta vez no fui por mi hermano Miguel ni ninguno de sus dientes, sino por mí, porque tengo un diente que no estaba bien agarrado, se mueve más de la cuenta, y todo parecía indicar que se iba a caer, sin embargo nunca se caía. Pero hasta ahí todo es normal, el problema es que me estaba saliendo el diente que viene a ocupar su lugar justo por detrás. Primero asomaba un poco, luego un poco más y cada día más y más. Hasta que ya se podía ver claramente uno detrás de otro, así que mis padres decidieron llevarme al dentista.

El dentista dijo nada más verlo que era mejor quitarlo. Ay, qué miedo me entró, pero entonces me acordé de lo bien que se portó mi hermano cuando el dentista le empastó su diente, y también de que papá me dijo que si me portaba como una campeona y no lloraba me iba a comprar un regalito por portarme bien, así que me hice la dura y poco después, casi sin darme cuenta, ya tenía un diente de menos y una experiencia de más. Ahora estoy mellada. Mi primera mellada. ¿No es maravilloso? ¡Estoy tan contenta de estar mellada!

Después por la noche dormí algo intranquila, porque aunque tenía muy bien puesto el dientesito en la mesa de noche para que lo recogiese el Ratoncito Pérez, solamente con eso de imaginarme un ratón cerca de mi cama tampoco es que me hiciese mucha gracia. Al final vino y me dejó dos billetes de cinco euros, exactamente lo mismo que a mi amiga Marta. Le he dicho a mis padres que con mi dinero los voy a invitar a ellos y a Miguel a tomar unos helados. ¿No es genial? ¡Y otro helado para mí, claro!

martes, 26 de junio de 2012

Mi graduación

El domingo no habíamos vuelto aún a nuestra casa después de un largo camino desde Chiclana cuando paramos en la panadería para comprar pan rayado para hacer bizcochos, y es que mi madre se había comprometido en llevar un par de bizcochos para la fiesta de mi graduación. ¡Qué apañada que es mi madre!

El viaje de vuelta no fue cansado porque nos dormimos muy, muy rápido. Miguel lo hizo en la primera o la segunda curva, yo tardé unas cuantas más pero a pesar de mi intento de no caer, caí, y bien que lo hice. Estuve dormida hasta que mis padres pararon en la puerta de la panadería. ¡No es increíble! Mamá también durmió un rato, pero poco, y papá no durmió nada, claro, porque estuvo todo el rato conduciendo. Al llegar a casa Miguel y yo nos tumbamos en el sofá pues llegamos reventados, y es que eso de no hacer nada excepto jugar durante todo el fin de semana cansa mucho.

Al día siguiente fue mi graduación. ¡Qué emocionante! Tenía que recitar unos poemas en el salón de actos, delante de todos mis compañeros, de sus padres y hermanos y de los profesores. Además había muchísimas cámaras de fotos y de vídeo, con todo lo que eso impresiona. Fue muy emocionante. También nos entregaron una orla y una camiseta con un dibujo que cada uno de nosotros habíamos dibujado. Así, yo llevaba una camiseta con un dibujo mío, mi amiga Marta llevaba otra con un dibujo suyo y así todos y cada uno de nosotros. ¡Qué gran idea!

Después de pasar tantos nervios no vino nada mal tomarse un poco de bizcocho de mamá.

Aquí os pongo una foto de mis mejores amigas del cole: Marta, Sofía, Mª del Mar y Lidia.

domingo, 24 de junio de 2012

Sentados en la terraza

Papá vino en coche a recogerme de casa de la abuela Pepa y estábamos dispuestos para irnos a nuestra casa donde mamá y Miguel estarían esperándonos, pero cuando estamos papá y yo a solas, siempre, aunque me cueste confesarlo, intento sacarle algo a mi padre. De manera que le dije que hacía mucha calor y que tenía mucha sed. La primera reacción de mi padre fue decirme que cuando llegara a casa me bebiera un buen vaso de agua. Entonces, pasé a la segunda estrategia, suspiré y dije de nuevo ¡Qué calor hace y cuánta sed tengo! De manera que mi padre ya entendió lo que yo pretendía decirle, así que me preguntó ¿qué es lo que quieres? No sé -contesté-. Papá no dijo nada pero en el primer cruce que tuvo cambió el trayecto de casa. Yo me di cuenta, y comencé a balancear las piernas. Girar con el volante hacia un lado distinto que nuestro destino a casa, seguro que era algo especial.

Cinco minutos más tarde estábamos los dos sentados en el paseo marítimo tomándonos una horchata cada uno. ¡Qué buena que está la horchata! ¡Está tan fresquita! ¡Sobre todo cuando se tiene tanta sed! ¡Estaba disfrutando tanto al tomarme la horchata que casi no hablé durante todo el rato en el que me la bebí! A la hora de irnos y pagar, papá compró medio litro para llevar. ¡Cómo se acuerda de mamá y de Miguel! Durante el camino de vuelta a casa le propuse a papá que le podríamos contar a mamá y a Miguel que nos habíamos tomado unas horchatas sin ellos y cuando nos dijeran que teníamos mucha cara, entonces, podríamos decirles que le habíamos traído también horchata para ellos. ¡Jo, qué sorpresa tan estupenda les dimos!

miércoles, 20 de junio de 2012

La nariz de payaso

En el último post escribí que mi hermano Miguel llegó al hotel de Chiclana que parecía que llegaba de una guerra. Lo decía porque tenía una herida enorme en la nariz, otra en la frente -aunque en la foto no se ve bien- era aún más grande y también tres o cuatro en las rodillas. Por si fuese poco tiene cardenales por todas las partes del cuerpo, hay veces que hasta en el culo. Así que hemos decidido poner una foto donde se ve la pupa que tenía en la nariz que le hacía parecer un payaso.

Esa pupa se la hizo el miércoles o el jueves, no me acuerdo ahora, pero la foto se hizo el sábado y aunque parezca mentira hoy miércoles casi no se nota nada de la herida en la nariz. Hay que fijarse mucho y tener muy buena vista para poder apreciar la herida. ¡Y es que mi hermano cicatriza como nadie! ¡Jo, qué suerte tiene el tío!

lunes, 18 de junio de 2012

Un fin de semana en Chiclana

Este fin de semana hemos estado con toda la familia de mi madre en Chiclana, bueno en realidad en un hotel que está muy cerca de Chiclana. Entramos y pasamos todo el fin de semana encerrados allí. Nuestras ocupaciones principales dentro del hotel han sido estar a tiempo antes de que cerrasen los comedores y poco más.

Todo el tiempo que no estábamos en los comedores es porque estábamos en la piscina, en la playa o durmiendo en la habitación. Bueno alguna vez vimos unas actuaciones que ha sido una de las cosas, sino la que más me ha gustado de todo el fin de semana. Me encantó ver cómo una mujer cogía unos aros con fuego por todas partes. Como mi padre, que estaba viendo el fútbol, no lo vio tuve que explicarle que no se quemaba porque seguramente le habían enseñado desde pequeña para no quemarse y que por eso era un profesional de los aros.

Miguel y Daniel, mi hermano y mi primo, llegaron al hotel como si volvieran de la guerra, con heridas por todas partes, y después durante todo el tiempo no se separaron para nada, pero mientras estaban juntos, estaban todo el rato peleando. Cualquier cosa era suficiente, si no era por un coche, era por un rastrillo, por una concha o por lo que fuese, porque en realidad peleaban por cualquier cosa, pero cuando el otro no estaba, entonces no sabían pasar el rato el uno sin el otro. ¡Vaya dos!

Yo, con tanta piscina, he mejorado mi técnica al nadar y ya sé meter la cabeza debajo del agua, aunque no mucho, pero no importa, el verano acaba de comenzar, bueno ni siquiera eso, porque aún no ha comenzado.

Lo peor del fin de semana, por decir algo, son las fotos, mis primos: Celia y Daniel y Miguel y yo, no podíamos hacer otra cosa que estar todo el rato posando para fotos, parecíamos estrellas de cine. Menos mal que no teníamos que firmar autógrafos.

Todo lo demás ha sido fantástico: los desayunos, las tres piscinas, ¡sí tres piscinas!, el día de playa, los paseos por el hotel, las atracciones de las noches, los heladitos que me comí, las risas con mis titos, mi cama a la hora de acostarme... todo, hasta la siestecita que me di en el camino de vuelta han sido lo mejor del fin de semana.

jueves, 14 de junio de 2012

El parque para nosotros

El miércoles, después de mis clases de baile y de los entrenamientos de fútbol de Miguel, mientras esperábamos que llegara la hora del ensayo de la actuación de fin de curso de mi hermano, mi padre, después de darnos la merienda, nos dejó pasar un buen rato en el parque.

Me encanta ir al parque a una de esas horas en las que no hay nadie en el parque, porque es entero y completamente para nosotros. Vamos desde un sitio para otro, sin tener que hacer cola en nada. Si me quiero tirar cinco veces seguidas desde el tobogán, o si quiero ir cambiando de columpio tres veces, cualquier cosa que se me ocurra, la puedo hacer, incluso cosas que no se deben. Viendo el vídeo me entenderéis mejor. Podéis comprobar que mi hermano Miguel se mueve como pez en el agua en cuanto hace cualquiera de las cosas que no se deben hacer.

domingo, 10 de junio de 2012

Se acerca el veranito

Estamos de lleno en la época del año que es mi favorita. Se acerca el tiempo de playa, de piscinas, de heladitos, espetos de sardinas y cosas así. Esta semana pasada por una razón u otra me he tomado junto a mis padres tres helados en la heladería que hay cerca de casa. ¡Vaya suerte que tenemos! ¡Y es que la heladería que está cerca de casa es la mejor heladería del mundo!

Todos y cada uno de los helados que pruebo están deliciosos. Ya he probado el de turrón, el de stracciatella, y el de chocolate, y los tres estaban riquísimos. No sé cual voy a probar la próxima ocasión, porque hay tantos y todos tienen tan buena pinta. Umm

Además, por si no fuese suficiente, de vez en cuando mi padre da un salto en el coche hasta la churrería donde trabaja nuestro amigo Juanfra y nos trae churros con chocolate. ¡Me encantan! ¿No es genial? Normalmente yo me tomo dos churros y Miguel también, aunque en ocasiones me como tres, depende del hambre que tenga.