Ayer jueves por la tarde, después de comer, fui al dentista junto con mi madre y mi hermano, y esta vez no fui por mi hermano Miguel ni ninguno de sus dientes, sino por mí, porque tengo un diente que no estaba bien agarrado, se mueve más de la cuenta, y todo parecía indicar que se iba a caer, sin embargo nunca se caía. Pero hasta ahí todo es normal, el problema es que me estaba saliendo el diente que viene a ocupar su lugar justo por detrás. Primero asomaba un poco, luego un poco más y cada día más y más. Hasta que ya se podía ver claramente uno detrás de otro, así que mis padres decidieron llevarme al dentista.
Después por la noche dormí algo intranquila, porque aunque tenía muy bien puesto el dientesito en la mesa de noche para que lo recogiese el Ratoncito Pérez, solamente con eso de imaginarme un ratón cerca de mi cama tampoco es que me hiciese mucha gracia. Al final vino y me dejó dos billetes de cinco euros, exactamente lo mismo que a mi amiga Marta. Le he dicho a mis padres que con mi dinero los voy a invitar a ellos y a Miguel a tomar unos helados. ¿No es genial? ¡Y otro helado para mí, claro!